Argumento

Giovanni Buonarotti es un chico que vivió toda su vida en un orfanato y que al estar a punto de cumplir la mayoria de edad debe egresar. El es el hijo bastardo de una mujer que pertenece a la alta sociedad Laura Visconti y que fue repudiado al nacer por las causas dolorosas que produjeron su procreaciòn...Una violación.

Angelo Rossetti es uno de los solteros más codiciados de Roma, hijo de un empresario multimillonario y mejor amigo de Francesco Visconti (sobrino de Laura y por consiguiente primo de Giovanni).

Un encuentro y dos miradas que quedan prendadas la una de la otra hacen que el joven Giovanni descubra el origen de su nacimiento y que el causante de su repudio (su abuelo) se arrepienta de haberlo hecho.


Angelo, Gio y Bruno

Dante y Camilo / Pietro y Massimo

Fabio y Enzo/ personajes secundarios

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lunes, 13 de octubre de 2014




                       

                CAPÍTULO 17: La famiglia riunita




            Acorralado.
            Así era cómo se sentía mientras las imágenes del policía que había sido asesinado, desfilaban ante sus ojos. Eran grotescas, totalmente escalofriantes. Tuvo que hacer un esfuerzo para retener el contenido de su estómago. No era momento de mostrar debilidad. No cuando estaba rodeado por una veintena de hombres que ostentaban el uniforme de la policía italiana.

            —No sé como llegó eso ahí    —su voz fue firme, trataba de ser convincente sin poder apartar su mirada de las repulsivas escenas—. No conozco a esos hombres.

            —Escucha bien, Kozlov   —arremetió, el que supuso, estaba al mando de la operación—.  Bravanti era un miembro destacado de nuestras fuerzas policiales y todas las evidencias de su homicidio, nos conducen a ti.

            Un oficial que portaba un detector de metales, ingresó a la oficina y fue recorriéndola buscando evidencias, indiferente a lo que sucedía a su alrededor. Los pitidos agudos que emitía la máquina a medida que recorría lentamente el lugar, exasperó tanto al ruso, que sin contenerse, golpeó el escritorio con el puño.

            —¿Y todo esto?   —preguntó entre dientes—.  ¿Para qué es?

            —Me temo que eso no puedo decírtelo, Kozlov...

            —¿Que no se me puede decir? ¡Tengo derecho a saber todo, es mi propiedad la que están invadiendo y me están acusando de algo que no he hecho!

            El oficial al mando guardó silencio mientras recibía la información por el intercomunicador que tenía en el oído. Luego, clavó sus fríos ojos sobre el ruso y sonrió con crueldad. —Vaya, vaya... esta noche sí que nos has sorprendido Kozlov.  —Avanzó lentamente hasta estar a un palmo de narices del ruso—.  Hemos estado registrando todos tus antros y mis colegas se han topado con algo muy… pero muy… turbio, que hará que estés mucho tiempo a la sombra.

            —No entiendo de qué me hablas.  —Boris desvió la mirada hacia el hombre que seguía buscando objetos metálicos en la oficina—.  No he hecho nada, soy un simple empresario...

            —…Que va a ser acusado de trata de blancas, tráfico de drogas y facilitar la prostitución infantil. Tres asesinatos no son nada comparados a la condena que te darán por tener a niños en tu sucio negocio. Mis colegas encontraron un chico de doce años siendo abusado por un tipo que podría ser su abuelo... ¿Eso te hace considerarte un empresario? ¿Aprovecharte de la inocencia de estos chicos y chicas te hace sentir un hombre honorable y decente?  —El pitido del detector de metales se hizo más agudo y ambos hombres se voltearon a mirar como el uniformado que lo manejaba, revisaba uno a uno los cajones del escritorio sin éxito. La máquina no dejaba de sonar y el hombre se arrodilló en la mullida alfombra para rastrear por debajo. Cuando se levantó, su rostro mostraba una sonrisa satisfecha y en su mano portaba la evidencia que condenaría al maldito inescrupuloso que tenía frente a él—.  Te tenemos, Kozlov. Acabamos de encontrar el arma que usaste para matar a esos tres pobres desgraciados.
El ruso comenzó  a respirar con dificultad. Por primera vez en su vida era inocente y todo estaba en su contra.

            Te aseguro que eso no es mío…   —insistió con desesperación—.  Esto es una trampa, una encerrona de alguno de mis enemigos...

            —¿Sí?  —El uniformado cuya placa ostentaba el apellido Cavalli, le miró con asco—. Ahora no tenemos tiempo de escucharte. Todo lo que tengas que decir guárdatelo hasta el cuartel.  —Hizo una seña a un par de sus hombres—  Pónganle las esposas y sáquenlo de mi presencia.


                                               *****************


            Fabio llegó muy temprano a la mansión de Pietro, tal cual lo habían pactado. Había tenido que mover un poco su agenda para acudir a la cita, pero como era él el más interesado en ese encuentro, no podía pretender que fuera Pietro quien cambiara su horario por atenderlo.        Atravesó fácilmente la gran verja de la entrada siendo guiado por uno de los guardias del mafioso. En aquella casa la seguridad era excelente y a pesar de que la mayor parte del equipo de Pietro ya lo conocía nunca dejaban de guardar sus precauciones.
            Mi jefe dice que puede pasar   el guardaespaldas le invitó a seguir después de anunciarlo.
Finalmente, Fabio avanzó por el pasillo ingresando al amplio despacho del capi de tutti capi. Tal como se lo imaginaba, Pietro se encontraba en su silla reclinable degustando un habano mientras le sonreía.
            Buenos días, Pietro.
            Fabio…  —amplió más su sonrisa mientras le señalaba el asiento Gran amigo, es un placer verte. ¿Cómo has estado?
            Fabio suspiró.
            Podría decirse que bien.  —Se acomodó en el acolchado sillón que había frente a la mesa de Pietro—.  Estos días han sido muy movidos por lo del recuento de utilidades, entre otras cosas. Además me siento algo cansado.
            No me digas que lavar mi dinero te resulta agotador  —bromeó el mafioso—.  Llevas años haciéndolo y no podría confiárselo a nadie más.
            Era verdad. La relación entre Fabio y Pietro no era cosa nueva. Desde generaciones anteriores a la de ellos, los Castiglioni se habían dedicado a hacer legal y utilizable el dinero sucio de los Mancinni. Gracias a las tretas financieras de los bancos de Fabio, Pietro no tenía que preocuparse por estar sacando excusas falsas o comprando más funcionarios públicos de los necesarios para tapar sus transacciones multimillonarias. Aquello era algo que había dejado de preocuparle porque su “socio” y amigo se encargaba siempre de tapar perfectamente el verdadero monto de sus ingresos.
            Era por eso que había accedido a verlo aquel día sin chistar. Le debía mucho a Fabio y quería compensarle en lo que fuera posible. Si en sus manos estaba ayudarle en lo que fuera que necesitara, lo haría de inmediato.
            La verdad es que no estoy estresado por el trabajo, Pietro.  —Fabio aceptó el habano que él le ofreció—.  Vengo por algo más… interesante  —remató encendiéndolo.
            Mancinni arqueó una ceja. Eso de  “interesante” me ha sonado algo extraño… y ahora presiento que no vienes por algo si no por alguien. ¿Me equivoco?
            No, no te equivocas  Fabio soltó una bocanada de humo—.  Es por alguien especial que he venido a verte.
            ¿Alguien a quien quieres muerto?
            ¡No!
            ¿Alguien a quien quieres dar una lección?
            Eso sí.
            Perfecto…  —No entendiendo del todo aquello, Pietro supuso lo más obvio—.  No te preocupes, le pediré a uno de mis hombres que le den la paliza de su vida.
            ¡No!  —Fabio volvió a corregir . ¡No quería eso para nada!
            Bueno y ¿entonces?  —Se empezaba a impacientar—.  ¿Qué es lo que quieres, Fabio? ¡Habla claro!
            Es lo que trato de hacer pero te me adelantas.  —aclaró haciendo que Pietro lo mirara algo avergonzado.
            Bueno, es cierto. Tienes razón… te dejaré contarlo todo. Dime qué pasa.
            Fabio sacó de su gabardina una foto de Enzo D’ Alessio y la colocó sobre la mesa de su socio. Había ordenado a un investigador privado que averiguara todo sobre aquel chico y ahora lo sabía todo sobre él, o por lo menos creía saberlo.
            Pietro se quedó mirando la foto unos instantes. ¡Ese era el amigo de su hijo!
            Este chico es Enzo D’ Alessio  —comentó extrañado.
            ¿Lo conoces?
            Así es… es el mejor amigo de Dante. Tuve un roce con él hace casi mes, estuve a punto de liquidarlo pero mi hijo intervino por él.
            Al escuchar la palabra liquidar Fabio se puso frío; y no por la palabra en sí, sino por la idea de que por una hermosa casualidad del destino Enzo podía conservar su vida.
            Se puso de pie, hablaría claro desde el principio. Estoy totalmente loco por ese chico, Pietro…  —confesó así sin más.
El mafioso lo miró serio pero no hizo ningún comentario.
Estoy loco por ese muchachito, pero el muy impertinente cree que puede rechazarme… en la fiesta de apertura de la semana de la moda me llamó viejo verde… ¡Viejo verde!
            Al oírlo, Mancinni no supo si reír o llorar. Optó por lo primero.
            ¡Pietro!
            Lo siento amigo  —se burló el mafioso—.  No quiero ser grosero pero me parece graciosísimo lo que me dices… ha de haber sido genial verte la cara cuando te lo dijo.
            No me parece gracioso.  Fabio hizo un pucherito disgustado—.  Yo no estoy viejo. Si soy mayor que él pero viejo…
            ¡Per Dio, Fabio!  Pietro controló su risa, mirándolo serio—.  ¡El chico tiene razón! ¡Puedes ser su padre!
            ¡Pero no lo soy! No soy su padre ni pretendo serlo… Escúchame Pietro. Deseo a ese chico, lo deseo como hace mucho tiempo no deseaba a nadie y el que se haya burlado tan olímpicamente de mí solo me ha hecho desearlo más y querer demostrarle quien es el viejo verde. ¡Ya estoy harto Pietro! Ya estoy harto de que pasen de mí.
            Aquel comentario sí que conmovió a Pietro. El mafioso estaba al tanto del amor no correspondido que Fabio sentía por Enrico Peruggi y todos los años que había perdido esperándolo sin esperanzas. Sonrió. Le ayudaría. Iba a colaborar en lo que pudiera con tal de verlo feliz de nuevo. Él estaba tan feliz con Massimo que sólo podía desear la misma felicidad para los demás.
            Te ayudare, Pietro  —prometió—. Cuenta con mi ayuda… Dime que es lo que has planeado y te ayudaré.
            Sonriendo muy feliz, casi infantilmente, Fabio le comentó sus intenciones. El padre de Enzo estaba en bancarrota y justamente le debía a su banco una suma con muchos ceros a la derecha, deuda que él estaba dispuesto a perdonar por completo si su deudor le entregaba a su hijo a cambio.
            ¿Piensas que ese hombre te cederá a su hijo? ¿De veras lo crees, Fabio?  Pietro tenía sus dudas sobre aquel plan. No conocía al padre del chico pero lo más probable era que por más en bancarrota que se hallase, no vendería a su propio hijo.
            Sin embargo parecía que Fabio si sabía de lo que estaba hablando y por eso sonreía.
            Guido es una rata miserable y codiciosa  —dijo el banquero con rostro adusto—.  Cuando me enteré que era el padre de ese chico sentí pena por él. El pobre no debe saberlo pero su padre si será capaz de venderlo, Pietro… y lo sé porque ya se lo propuse y ha aceptado.
            Maldito… vendió a su hijo. No debería sorprenderme después de tantos años de estar en este negocio  Pietro estaba asqueado—.  Sin embargo me parece terrible que un padre pueda vender a su hijo… debe ser porque yo también soy padre.
            Sí, así es.  Fabio sacudió la ceniza de su habano en el cenicero—.  A mí también me parece horrible lo que ese desgraciado hizo… aun así no te negaré que me cae a la perfección, pues eso me deja el camino libre con el chico ¿Entiendes?
            Pietro asintió. Todo parecía perfecto, así que no entendía para qué lo necesitaba su socio.
            Entiendo todo, Fabio, pero…  —le miró serio—. Si ya ese hombre accedió a darte al chico, ¿Entonces para que necesitas mi ayuda?. El trato está hecho.
            Al escuchar aquello Fabio suspiró profundo.
            Ojala fuera tan fácil, Pietro. Pero no es así.  —Le hizo ver—.   El miserable de Guido, quiere que secuestre al chico. Dice que para ahorrarle el trauma de haber sido vendido por su propio padre es mejor montar todo un teatro donde lo raptemos.
            Vaya…  Pietro suspiró también—. Tremendo lío. ¿Ese chico es menor de edad, cierto?
            Así es. Tiene diecisiete… es una de las cosas que averigüé.
            ¿Averiguaste también su expediente médico?  —El mafioso se frotó su rasurado mentón.
            —¿Su historial médico?
            Así es. Para secuestrarlo habrá que pasearlo un buen rato por  la ciudad. Habrá que doparlo.
            ¡¿Doparlo?!  —se espantó Fabio.
            Sí, amigo. Tú no sabes mucho de este tipo de cosas, pero un secuestro no es a punta de pañuelos de cloroformo y vehículos polarizados. Es todo un montaje.
            Con toda esa serie de requisitos Fabio comenzó a dudar. Realmente no quería hacerle daño al muchacho.            Ahora que dices todo eso, no sé si esto sea una buena idea.
            ¡Vamos no te asustes! No es como quitarle un caramelo a un niño. Debemos ser precavidos, pero si hacemos las cosas bien nada malo pasara.
            ¿Seguro?
            Seguro… Ese chico es amigo de Dante. Su mejor amigo, yo tampoco quiero dañarle. Mi hijo no me lo perdonaría jamás. Es más, no sé si me perdone siquiera que lo secuestre. Así que figúrate si le pasa algo. —Sonrió para calmarlo—. Deja todo en mis manos, Fabio. Yo te ayudaré. Ya es hora de que consigas tu felicidad.
            Esto es demasiado bizarro  —respondió el banquero—.  ¿Mi felicidad está basada en un delito? ¿Realmente estoy tan desesperado que voy a secuestrar a un crío?  —apuntó con tristeza.
            Por toda respuesta Fabio le sonrió desde su asiento. Amigo, la respuesta a todo eso sólo la tendrás tú. Pero una cosa si te digo, hay momentos en la vida en que hay que tomar decisiones drásticas, hay que arriesgar un huevo para sacar un pollo… Creo que ya has esperado mucho sentado, y creo que es hora de que tú también vivas tu propia historia. Es hora de que tu corazón vuelva a soñar.
            Fabio asintió a medias, escuchando atentamente las palabras de su socio y amigo. Luego de esto sintió que se volvía a llenar de valor. Enzo sería suyo a las malas, con violencia como la vida le había obligado a actuar. Ya no se quedaría sentado esperando por una oportunidad para amar. Así había sido siempre y aquello no había funcionado. Por eso ahora sería diferente, ahora él obligaría, exigiría y tomaría por la fuerza. Esa era su nueva estrategia de lucha y rayos que le gustaba más.
            La puerta de la oficina fue abierta de improviso y Massimo Rossetti, ingresó de forma desesperada sin detenerse a posar los ojos sobre el banquero, rodeó el escritorio y se abrazó al cuerpo del mafioso que se había levantado con rapidez a causa de la improvisada visita.
            —Han asesinado a los hombres que custodiaban a mi hija, Pietro...
            El cuerpo del empresario temblaba y el hombre que le sostenía acariciaba su espalda de forma amorosa, mientras su mirada se endurecía al recibir la información. Dos de sus hombres de confianza habían sido asesinados en el cumplimiento de su deber. Tenía que indemnizar a las familias y de paso dar tranquilidad a su amante de que aquello no pasaría a mayores.
            —Y Gianinna ¿Sufrió algún daño?  —la pregunta salió de su boca casi por obligación. El parecido de la muchacha a su difunta madre le hacía sentir recelo. La joven era el fiel retrato de la mujer que tanto había odiado. Bella y de moral relajada. Giannina Rossetti, era aún más zorra que su madre. Pero era la hija mayor del hombre que adoraba y amaría hasta el final de sus días, por lo tanto era familia. Y quien osaba atacar a su familia, tenía las horas contadas.
            Massimo le miró con los ojos anegados en lágrimas. Había tratado de retenerlas, pero las cristalinas gotas saladas se desbordaron por sus verdes ojos. Trató de agregar más información, pero el nudo que tenía en la garganta a causa de la angustia, se lo impedía. Un suave carraspeo, le indicó que no estaban solos y volteó, sorprendiéndose de ver a Fabio Castiglioni en el lugar.
            —Creo que en este momento estoy sobrando, así que me retiro...
            —Scusi, Fabio... No te vi  —se disculpó el empresario—.  Pero no es necesario que te vayas  —agregó—.  Es más, me ahorras el trabajo de tener que llamar al banco para pedir una cita.

            Las manos de Pietro se posaron en sus hombros mientras que su boca dejaba un húmedo beso en su cuello. Aquello le hizo sonreír a pesar de las circunstancias. Su amante estaba marcando su territorio ante otro macho alfa. ¿Aún no podía entender que lo amaba más que a su vida?
            Una de las cejas del banquero se alzó al ver el gesto, y se sorprendió. Nunca ni en sus más alocados pensamientos, se hubiera imaginado que aquellos dos eran amantes y por la forma que Pietro sostenía al multimillonario empresario, le quedaba claro quién era el que mandaba.
            —Tú me dirás en qué puedo ayudarte.
            —Recibí un e-mail de un tal Emilio Sandoval...  —hizo una pausa esperando que el mayordomo que en ese momento entraba con café, terminara de hacer su trabajo. Luego miró a su amante—. Uno de los informes que me habían enviado tus hombres, decía que Él era una especie de novio de mi hija. Pero me está exigiendo que le transfiera cinco millones de euros a su cuenta, o Gianinna... —No pudo seguir. La imagen de su hija, asustada y corriendo por su vida pasó por su cabeza y sus rodillas cedieron. Se sentó de improviso en la silla giratoria de Pietro y apoyó los codos en el escritorio mientras sostenía su cabeza. Estaba desesperado. Jamás en su vida hubiera imaginado que le tocaría vivir una situación así.
            Pietro tomó el auricular del teléfono interno y llamó a su consiglieri, pidiéndole los reportes que habían hecho los hombres que habían estado a cargo de la seguridad de la joven. Después de colgar, se acercó a su amante y comenzó a darle masajes en los hombros para que se relajara. Vincenzo ingresó a la oficina después de un breve toque a la puerta de caoba y depositó sobre el escritorio los gruesos volúmenes de los informes que los dos difuntos custodios, enviaban semanalmente.
            Comenzó a separarlos y las letras en rojo que formaban la frase Cartel de Sinaloa estaban escrito sobre uno de ellos. Lo abrió y comenzó a leer con avidez. —Emilio Sandoval  —leyó en voz alta para que sus acompañantes escucharan—  Único hijo del difunto único hermano de Miguel Sandoval Ruiz, El líder del Cartel de Sinaloa. Nació en...  —Sus hombres habían hecho bien su trabajo. Todo estaba detallado, especialmente sus puntos débiles. Todo ese asunto no podía llegar en mejor momento. Por fin vería al jefe del cartel mexicano postrado a sus pies. Aún recordaba la vez que algunos de sus hombres junto a los de su primo Salvatore, habían sido emboscados en Colombia. Los malditos aztecas querían hacerse con la mercancía que habían obtenido en Cali, y les habían caído cuando la estaban embarcando. Habían perdido un par de hombres, pero los mexicanos salieron trasquilados. El interrogatorio al que habían sido sometidos los sobrevivientes, arrojó que Sandoval les había ordenado hacerlo. Por supuesto, el hombre negó los hechos sonriendo con cinismo, mostrando sus asquerosos dientes enchapados con oro. Ahora, lo tenía en sus manos. “La venganza es un plato que se sirve frío” pensó mientras explicaba a su amante y socio el procedimiento a seguir con la situación.          
           
           
                    *******************                                               


            La interrogación se había extendido por más de cuatro horas y a pesar de que Boris constantemente interrumpía exigiendo la presencia de su abogado y su derecho a una llamada telefónica, el policía a cargo de la investigación no cedió. Ahora se encontraba en una maltrecha celda provisional, en espera de su traslado a una cárcel de alta seguridad. Se paseaba de un lado a otro tratando de crear alguna estrategia que lograra sacarlo de aquel lío y poder enfrentar personalmente, al engendro siciliano que había osado acorralarlo con esa trampa. Un escalofrío sacudió su cuerpo al recordar las imágenes de los hombres que habían sido lo clientes más habituales que había atendido Camilo. ¿Cómo se enteró el joven Mancinni de ellos?. Seguramente alguno de sus secuaces había investigado la trayectoria sexual de Camilo y lo de Bravanti había salido a la luz. Eso, o el policía ya estaba en la mira de la mafia siciliana y lo del chapero había sido sólo una excusa para deshacerse de él.
            Escuchó pasos en el exterior de la celda y se aferró inmediatamente a los barrotes de acero. Si tenía que rogar por tener acceso a un teléfono, lo haría. Necesitaba salir lo más pronto de ese lugar y solo los Tovarich podrían lograr ese cometido.
            La figura de Dante Mancinni se detuvo frente a los barrotes con una postura desafiante y una sonrisa cruel que transfiguraba su apuesto rostro en el de un bello demonio.

            —¡Govnyuk, sukin syn! (bastardo, hijo de puta)  —el ruso insultó a la vez que golpeaba con fuerza los barrotes de acero, tratando de derribarlos para alcanzar a su enemigo—.  ¡Te las verás conmigo cuando salga de aquí, perro siciliano!

            —¿Contigo y cuántos más, Kozlov?  —El joven capo preguntó con tono irónico, mientras sacaba un teléfono celular del bolsillo interior de su elegante chaqueta Gucci—.  Deja de rebuznar y concéntrate en cómo saldrás del lío en el que te has metido.

            —En el que tú me metiste, querrás decir  —corrigió el ruso—.  ¿A qué viniste, Mancinni?

            — Kozlov... Deberías  ser un poco más paciente  —se burló Dante, aún con el teléfono móvil en la mano—.  Yo sólo quise hacer mi buena acción del día y regalarte un poco de compañía. Además, supe que necesitas de un teléfono y te traje uno. Ya sabes, considerando que un día fuiste jefe de mi amante.  —Se acercó aún más a los barrotes, manteniendo una distancia prudente—.  Y sobre tus acusaciones... debo comunicarte que estás muy equivocado. Tú te metiste en este embrollo sin mi ayuda. Reconozco que con lo de Bravanti hubo algo de mi parte... Pero con lo de los menores, y las mujeres ucranianas que tenías encerradas… debo decirte que ese fue tu error, Kozlov. Y lo de tu esposa —chasqueó la lengua—, ¿Sabes? Me han llamado de muchas maneras, podré ser un asesino cruel y despiadado, pero nunca, nunca  —se acercó con rapidez a los barrotes, alargando un brazo a través de ellos, tomó con fuerza la camisa del ruso a la altura del pecho y lo pegó con fuerza a los hierros—. Quiero que me mires a los ojos cuando te lo diga, cosaco infeliz... Nunca, nunca violaría y maltrataría a la madre de mis hijos, como lo has hecho tú.

            Boris no supo qué contestar. En su afán por liberarse de la cárcel, había olvidado a su esposa e hijos, entre ellos a su amado Nicolai, de once años. Lo amaba desde el primer momento que sus ojos se posaron en él. Era su orgullo y desde ya lo estaba preparando para que fuera un digno heredero de su estirpe.

            —Estás blufeando  —acusó—.  Ella nunca diría nada en mi contra... Me ama, me lo ha dicho cuando...

            —¿Cuándo…?  ¿Cuándo te la follabas a la fuerza mientras te pedía por favor que pararas?  —Dante terminó por él—. Lo bueno es que ahora está fuera de tu malévolo alcance, de eso se ha encargado la esposa de mi padre, que es una de las mejores abogadas de familia que hay en este país. Por lo pronto, serás trasladado a una cárcel donde mi gente es más que respetada. Tengo muchos ojos ahí, Kozlov. Una palabra en mi contra dentro de ese lugar y serás hombre muerto… o peor. —Elevó una ceja—. Y si por los azares del destino, los Tovarich intervienen a tu favor y te sacan de esa pocilga, ten mucho cuidado en acercarte a Camilo, o terminarás igual que Bravanti... con los testículos, el pene, la lengua, las orejas y los párpados dentro de tu culo, mientras que los peces terminan de devorar lo que quede de tu cuerpo, ¿capisce?.

            Boris Kozlov, por primera vez en su vida, se orinó de miedo. El líquido caliente recorrió su pierna, mojando sus pantalones para terminar goteando sobre el suelo de la celda. Su mirada aún estaba atrapada en la del joven siciliano, que aún esperaba una respuesta de su parte.

            —Pue- puedes estar seguro de que no volveré a acercarme a él...

            —Tampoco le hablarás de él a Mikhail...  —sugirió el joven capo.

            —No... No le hablaré de él. Te lo prometo.

            —No prometas nada que no vas a cumplir.

            —Cumpliré. Pero ¿Qué harás con la mujer?

            —¿Cuál mujer?  —Despertó la curiosidad en Dante.

            —La mujer de Tuozzolo, ella me pagó por mantener a Camilo en las calles y si me preguntas, nunca dijo el porqué.

            Aquella información lo tomó desprevenido, pero no sacaba nada con tratar de ahondar más en el asunto. Si hubiera algo que investigar, acudiría a su padre, él más que nadie sabría qué hacer.

            —Esa mujer no es de importancia  —aseveró—. Lo único que me importa es tu promesa de desaparecer de la vida de Camilo para siempre. Que te olvides de que existe ¿capisce?

            —Entiendo, tienes mi palabra. Para mí... Camilo ha dejado de existir. (convendría que hiciera algo físico…no sé, se persignara, o se tocara el corazón, algo asi)

            El teléfono celular cambió de manos y el joven Mancinni caminó hacia la salida de los calabozos.

            —Recibirás el cargador en la prisión. Procura no dar problemas, mis hombres no tienen mucha paciencia, y más de alguno ha tenido algún roce con la Bratva.

            Dante salió del área de detenidos y caminó silenciosamente guiado por un alto oficial de la guardia di Finanza, que todos los meses recibía un buen incentivo monetario para mantener los ojos de la policía fuera de los asuntos de los Mancinni.
            Kozlov, por su parte, se quedó mirando el aparato en sus manos, cavilando sobre la posibilidad de que fuera una bomba que detonaría apenas él hiciera la primera llamada. Luego desechó la idea; ya que Mancinni no se hubiera arriesgado a visitarlo momentos antes de una explosión. Abrió el aparato y marcó los dígitos con impaciencia. Del otro lado, una voz de barítono le respondió. —Mikhail, soy Boris... Estoy en problemas.

           

                                               **************************





            “Por fin en Italia”.
            La famosa modelo Fabiana Rossi trató de transmitir calma a todo su cuerpo. Había abordado un vuelo desde Nueva York, acompañada de su amiga y colega Imogen Bennet para refugiarse bajo las alas de su padre. Recorrió las instalaciones con nerviosismo, mirando en todas direcciones con temor. A su lado, su amiga coqueteaba descaradamente con cada hombre que pasaba a su lado y que creía reconocerla. Era difícil que no lo hicieran ya que su rostro formaba parte de la última campaña de una conocida marca de cosméticos y la chica sabía aprovechar su momento de fama.
            Después de recoger el equipaje, siguieron caminando en busca de la salida, con la esperanza de que su padre hubiera enviado a alguien para que las recogiera; pero, por más que buscaba el rostro del chofer entre el gentío, no lo encontró. Una mano se posó con firmeza sobre su hombro derecho, provocando que ella soltara un grito de terror  y volteó temiendo ver el furibundo rostro de Emilio frente a ella.

            —Scusi, ¿signorina Rossetti?  —preguntó el desconocido que la miró con seriedad para después posar sus interrogantes ojos sobre su amiga Imogen.

            —Así es  —confirmó la joven con nerviosismo—.  Soy Giannina Rossetti y usted ¿quién es?

            Imogen se quedó alelada al escuchar el nombre ya que hasta la fecha sólo la había conocido por Fabiana.

            —Soy Cesare Forli. Ellos son Vittorio y Andreas  —agregó señalando a los hombres que lo acompañaban—  Somos parte del equipo de seguridad de Don Pietro Mancinni y estamos a cargo de que su traslado a la villa Rossetti sea sin contratiempos.

            —Pero... no entiendo... ¿Porqué el signore Mancinni?

            —Me temo que no puedo contestar a sus preguntas, signorina. Pero su padre y el signore Mancinni la esperan en la villa. ¿Este es todo su equipaje?

            —Sí, esto es todo.

            —Entonces, ¿podría acompañarme per favore?.

            Giannina miró a su amiga y le hizo una señal silenciosa para que la siguiera sin protestar. Los hombres se hicieron cargo del equipaje y las guiaron hacia la salida de la terminal aérea, donde esperaba una limusina con el motor en marcha. Las chicas se acomodaron en los confortables asientos tapizados de cuero y los tres hombres hicieron lo mismo frente a ellas. Todos ellos, parecían estar alerta de lo que sucedía en el exterior como si de un momento a otro pudieran ser atacados por algún desconocido.
            El chofer puso el pie en el acelerador, y el vehículo comenzó a recorrer los treinta kilómetros que separaban al aeropuerto del centro de Roma. Después de casi diez minutos de silencio, Imogen estalló avasallando a su amiga.

            —¡¿Cómo es eso de que tu nombre es Giannina Rossetti?!

            —Cuando lleguemos a casa te explicaré todo, Imogen  —la joven Rossetti no se sentía cómoda rodeada de tanto matón, aunque estos vistieran de Armani—  No me apetece ventilar mis intimidades frente  a extraños ¿capisce?  —la otra modelo guardó silencio y decidió ocupar su tiempo tratando de flirtear con alguno de los hombres que tenía frente a ella, si es que lograba que despegaran sus ojos del exterior. Giannina, por su parte, se permitió un momento de paz, después de haber vivido las peores cuarenta y ocho horas de su vida. Involuntariamente cerró los ojos y se permitió recordar.

            Desde pequeña el sueño más grande de su vida, había sido ser modelo, pero no una cualquiera. Quería ser la musa inspiradora de un diseñador de renombre, alguien que quedara en la retina de los espectadores por muchos años. Pero hubo un impedimento al comienzo de ese gran sueño que trató de alcanzar cuando cumplió diecisiete años... su padre.
            Ser una Rossetti significaba prepararse para ser la esposa de algún hombre que su progenitor  eligiera para ella. Había perdido la cuenta de los herederos que le fueron presentados, pero ella se rebeló en contra de su destino rechazándolos a todos. Su rebeldía llegó a alcanzar magnitudes estratosféricas. Recurrió a cuanto truco aprendió de sus amigas para sabotear el futuro que su padre le tenía pronosticado y él perdonó cada uno de sus actos. Excepto el último error que cometió antes de su tan anhelado exilio. Aquello fue un escándalo de grandes proporciones. La única hija del dueño de una de las más grandes fortunas de Italia, había sido sorprendida teniendo relaciones sexuales en la limusina que su desconocido novio había contratado para llevarla al baile de graduación. Jamás se imaginó que el propósito del chico era grabarla mientras perdía su virginidad con él. Aún recordaba la reacción de su padre y las palabras que le había dicho. Aún las llevaba en su memoria y en sus días oscuros se repetían una y otra vez en su mente...
            “Golfa, eso es lo que eres. Eres tan golfa como tu madre”
            Ella salió de Italia con la promesa de no volver a enlodar el apellido Rossetti. Llegó a Nueva York con la maleta llena de sueños y con dos custodios que no debían perderla de vista. Se instalaron en un frío ático de lujo que su padre poseía en el distrito financiero de Manhattan y ella se abocó a recorrer todas las agencias de moda de la gran manzana. Cambió su nombre por un seudónimo y contrató a un fotógrafo profesional que pagó con el dinero que heredó de su madre fallecida para confeccionar su book. Sin la ayuda del apellido paterno, tuvo que golpear muchas puertas por una oportunidad. Fue difícil. No en lo económico ya que igual su padre depositaba mes a mes una fuerte cantidad de dinero y pagaba las cuentas de sus tarjetas de crédito. Lo difícil fue enfrentar un posible fracaso y volver  Italia vencida. Casi un año después de su llegada a Nueva York, obtuvo su primer trabajo... el anuncio de un dentífrico. Era algo pequeño, pero ella sintió como si lo fuera todo. Tiempo después, modeló para un catálogo de lencería femenina de precios económicos y luego, después de haber esperado casi cuatro años por una gran oportunidad, llegó el gran salto... Victoria secret´s le ofreció un contrato por dos años y ella, orgullosa de sus logros, llamó a su padre que la felicitó por su constancia.
            Todo iba viento en popa, hasta que hacía seis meses atrás, conoció en una fiesta al hombre que había hecho que sus sueños pasaran a un segundo plano. Emilio Sandoval. Un hombre extremadamente apuesto y con muchas conexiones que apenas había posado sus ojos sobre ella, decidió que sería suya. Al principio había sido un caballero que trataba de disimular su molestia al verla siempre acompañada de los hombres que ella le presentó como sus primos mayores. Cada una de sus citas estuvo llena de romanticismo. La colmó de flores y regalos y se extrañó al no verla deslumbrada por tanto detalle. Por supuesto, él no quiso quedar con las dudas y en secreto ordenó que la investigaran. Una semana atrás, durante una fiesta en casa de Emilio y gracias a una conversación que escuchó de algunos invitados, ella descubrió que el hombre que la había enamorado, pertenecía a un cartel mexicano que dirigía su tío y él era un posible candidato a la sucesión. No se atrevió a preguntarle pero al verlo desaparecer dentro de su oficina ella le siguió sin que él se percatase y lo escuchó hablar con uno de los hombres que siempre lo acompañaban.

            —¿Qué averiguaste, Carlos? ¿Son buenas noticias?

            —Noticias a su favor, patrón  —escuchó que respondió el otro hombre.

            —Entonces, comienza a hablar que no tengo toda la noche...

            —Pues, le diré que la chava es de buena familia allá en Europa, su papá es multimillonario, se llama Massimo Rossetti, también posee filiales de su empresa aquí en Nueva York....  —el hombre detalló con lujo de detalle todo lo que cada uno de los integrantes de la familia Rossetti poseía—  Ah y patrón, esos dos hombres que la acompañan no son sus primos... son sus guardaespaldas y pertenecen al equipo de seguridad de...

            —No me interesan a que empresa de seguridad trabajan, lo importante es que hay que deshacerse de ellos si quiero que mis planes resulten.

            —Pero patrón, esos hombres no trabajan para cualquiera.

            —No me interesa, Carlos.  —el hombre no quiso escuchar más detalles—  Necesito que mi tío me tenga en cuenta para ser su segundo al mando y qué mejor que conseguir una inyección de capital. Si logro que el señor Rossetti pague un alto precio por la vida de su hija, no hay nadie que pueda detener ese ascenso.

            Desde ese día vivió con temor. Puso en aviso a sus guardaespaldas sobre lo que había escuchado y ellos dijeron que estuviera tranquila y que no volviera a aceptar otra cita con Emilio. Pero cuarenta y ocho horas antes, mientras ella estaba en una sesión fotográfica, sus guardaespaldas fueron asesinados. El café que pidieron mientras esperaban, había sido envenenado. Desde ese momento comenzó una carrera contra el tiempo para salvar su vida. Después de contactarse con su padre y explicarle lo que había sucedido, aprovechó que su amiga Imogen debía presentarse en Madrid en unos cuantos días y la invitó a Roma, su padre le dijo que no debía viajar sola y que tomara un vuelo comercial porque Emilio no podría tocarla habiendo muchos testigos. Gracias a Dios todo había resultado y ahora se dirigía hacia la seguridad del hogar de su padre. Algo irónico después de haber hecho tantas tonterías para poder alejarse.

                                                 *******

            —Necesito saber que ese hombre no volverá a acercarse a mi hija, Pietro  —comentó  Massimo mientras releía la exigente nota que había llegado el día anterior junto al correo diario.

            “Cinco millones de euros por la vida de su hija... habrá conseguido escapar, pero aún la tengo en la mira. Si quiere que ella camine tranquila, depositará la cantidad exigida en una cuenta cuyo número le llegará en el próximo mail.”

            —No te preocupes, mio caro. Tengo hombres que están vigilando cada uno de sus movimientos  —contestó el capi di tutti capi mientras acariciaba a modo de masaje los tensos hombros de su amante—  Si fuera por mí, ese maldito mexicano ya no existiría...

            —Lo sé, ya me lo dijiste  —contestó el empresario—  Quieres aprovechar la situación para poner al jefe del cartel de Sinaloa a tus pies  —agregó con un tono de amargura—  A veces se me olvida que ves la vida como si fuera un tablero de ajedrez y nosotros no somos más que simples piezas que mueves a tu voluntad.

            —Sabes que en lo referente a ti no es así, amore  —aseguró el mafioso mientras abrazaba al empresario para darle algo de tranquilidad—.  Tú eres mi prioridad y tu familia también entra en el paquete. ¿No te has puesto a pensar que ahora que somos pareja, soy algo así como el padrastro de tus hijos?

            Ambos se quedaron mirando a los ojos mientras que analizaban las últimas palabras. Pietro posó sus labios sobre los de su amante envolviéndolos en un suave beso, que fue correspondido de la misma forma. No era momento de dar rienda suelta a la pasión. Era un beso que afirmaba el amor que existía entre ellos. Un amor que pese a las circunstancias, se mantenía firme.

            —Somos una familia algo extraña  —reconoció Massimo después de que el beso llegó a su fin—.  Tu padrastro de mis hijos y yo el de los tuyos...

            —Sí, pero como toda familia, cuidamos de los nuestros y no dejaré que mi hijastra sea amenazada por un traficante de poca monta. ¿Angelo está enterado de la situación?

            —Sí, esto es demasiado importante como para dejarlo fuera de esto. Sería arriesgarlo también a él.

            —Todos están en riesgo, amore. Si Emilio Sandoval hizo bien sus deberes, debe tener información privilegiada de cada uno de los habitantes de esta casa.  —acotó el mafioso—  espero que tu padre no se moleste al ver su hogar invadido por extraños. (afinala, está muy pedregosa)

            —¿Por qué?

            —Aumentaré la seguridad para asegurarme que los matones de Sandoval no penetren estas murallas. Dos de mis hombres están instalando cámaras en las inmediaciones. Los jardines serán vigilados por hombres acompañados de caninos entrenados...

            —Mi padre no se molestará... ya le conté lo nuestro.

            —¿Cómo lo tomó?  —preguntó el mafioso con preocupación.

            —Aunque suene increíble, lo tomo bien  —una leve sonrisa adornó los labios de Massimo cuando se acordó del momento en que decidió confesar a su padre que Pietro y él eran amantes—  Creo que la edad le está afectando porqué me dijo que jamás debí permitir ese absurdo matrimonio tuyo con Laura y me sugirió que me mudara a vivir contigo para asegurarme de que ella no aprovechará mis ausencias nocturnas.

            —No es mala idea...

            —¿Cuál?

            —Esa de que vivas conmigo. Mi cama se siente vacía cuando no estás en ella y me cuesta dormir. Piénsalo, caro... me gustaría que después de la boda de nuestros hijos, te traslades a mi casa.

            —Sabes que no puedo, Pietro. No mientras Laura siga casada contigo.  —aseveró el empresario—  si te divorcias de ella, entonces no duraré en mudarme contigo y jugar a ser ama de casa. Pero como no es el caso, tendrás que conformarte a seguir como estamos. Tú en tu casa y yo en la mía.

            —No trates de manipularme, Massimo... sabes que estás por encima de eso y no necesitas a recurrir a ese tipo de métodos para tenerme a tus pies. No va haber divorcio y tienes que aceptarlo.

            —Entonces tu cama tendrá que acostumbrarse a estar cálida solo dos noches a la semana y la mía tendrá que hacer lo mismo... como nuestro arreglo original.  —replicó el empresario—  Ojalá no haya mucho tráfico, no podré estar tranquilo hasta que Giannina esté en casa  —agregó cambiando de  abruptamente de tema.

            —Deben de estar por llegar  —respondió Pietro captando el mensaje. Su amante aún reprochaba su matrimonio y se lo recordaría siempre.




            La limusina atravesó las verjas de la villa y recorrió la avenida de álamos cuya extensión de casi un kilómetro, hacía que la majestuosidad de la propiedad fuera mas impresionante. Gianinna  observó como Imogen se apegó a la ventana y bajó la ventanilla para observar los flamencos que retozaban en el pequeño estanque artificial que su tío Giacomo había hecho construir para cumplir uno de los tantos caprichos de su esposo Enrico. Sonrió al recordar cuando los vio por primera vez, en una de las veces que había visitado a la familia. Cuando el motor se detuvo, los hombres armados bajaron del vehículo y las ayudaron caballerosamente cuando ellas les imitaron. Fue en ese momento que su amiga se atrevió nuevamente a abrir la boca.

            —Vaya amiga, estás forrada y te lo tenías bien guardadito.

            Imogen estaba asombrada al ver la belleza de la mansión. No pasó por alto el fuerte despliegue de seguridad y se estremeció al pensar que quizá podría mejorar su suerte si su amiga tuviera algún hermano o primo que le presentara. Ser esposa de algún magnate millonario era su meta más próxima. La juventud no era eterna y no quería pasar el resto de su vida viviendo de los intereses que generaran sus ahorros. Giannina permaneció en silencio sin tomarla en cuenta, y comenzó a subir las escalinatas de la entrada. Un mayordomo elegantemente ataviado las recibió comunicando que a su amiga, la estaban esperando en el despacho privado de su padre. Fue en ese momento que antes sus ojos apareció el hombre más guapo que había visto en su vida.

            —Por fin en casa, sorella  —escuchó que el hombre saludaba a su amiga con un tono varonil, muy sensual que hizo que cada fibra de su ser se estremeciera.

            —¡Angelo!  —Giannina contestó y se fue sobre el hombre abrazándole, algo que a Imogen le molestó, pensando que quizá entre ellos existiera algo más que amistad—  estás más alto y más musculoso, ¡creciste mucho en estos dos años que no te veía!.

            —Y tú estás hermosa como siempre...

            Imogen al sentirse relegada, carraspeó para desviar la atención hacia ella.

            —No te he presentado a mi amiga Imogen, ella gentilmente me ha acompañado en este viaje y se quedará con nosotros una semana. Amiga, él es mi hermanito menor Angelo Rossetti.

            —No tan menor, sorella.  —se quejó Angelo—  Ciao Imogen, bienvenida a Roma.

            La bella modelo se acercó al hermano de su amiga y le saludó de beso en la cara. La sensualidad era un arma que estaba acostumbrada a usar y esta vez no quería fallar en su objetivo.
            Angelo se percató de las intenciones de la joven modelo, e inmediatamente se alejó de ella mirándola con indiferencia. Se acomodó la elegante chaqueta del traje Dolce que había elegido para ir al trabajo y luego miró a su hermana.

            —Me voy a la oficina, hermanita. Después de que te entrevistes con nuestro padre, pasa a saludar a Enrico... estará contento de verte y de que puedas ayudarle con la organización de mi boda...

            —¡Te casas!, pero si aún estás en la universidad...

            —Para el amor no hay edad, sorella  —Angelo esperaba que al dejar escapar esa información, las intensiones de la amiga de su hermana cambiaran. No quería problemas con Gio, menos esa noche en la que fijarían la fecha del tan anhelado enlace.

            —Esto me huele a matrimonio arreglado  —dijo la muchacha frunciendo el ceño— y no lo niegues... papá logró hacer contigo lo que no pudo conmigo...

            —Estás equivocada hermanita... y aunque no lo creas, estoy irremediablemente enamorado  —se acercó y la besó en la frente— Me voy o tío Giacomo me regañará. Nos vemos en la cena, te llevarás una gran sorpresa  —dos hombres trajeados se acercaron e hicieron ademán de que era hora de irse—  Se me olvidaba que ahora debo ir custodiado a todos lados, gracias a tu ex  —agregó con fastidio y luego caminó a la salida.

            Las dos jóvenes se quedaron solas en la sala, en espera de que el mayordomo viniera para instalar a Imogen en una de las habitaciones de invitados. La amiga de Giannina se sentó en uno de los confortantes sofá y dejó caer su rubia cabeza hacia atrás, cerrando los ojos para relajarse y gimiendo con placer. Luego, clavó su mirada en el techo abobedado, observando con atención los frescos que representaban hermosos parajes de La Toscana. Sus pensamientos recayeron en el hermoso hermano de su amiga, recordó sus ojos, su boca, su porte varonil que emanaba sofisticación a gritos y se estremeció al rememorar su aroma. Se preguntó cómo sería tenerlo encima de ella, tocándola,  haciéndole estallar de placer y se propuso no salir de Roma sin haber antes probado las dotes amatorias de Angelo.
            Diez minutos después el mayordomo la guiaba por los corredores hasta que la dejó instalada en la habitación. Una mucama estaba acomodando su ropa en el vestidor, mientras que otra se ofreció a prepararle el baño. Ella sonrió y se dejó agasajar, pensando que esa semana la aprovecharía a fondo.


                                                  ***********


            El ejercicio de aritmética que el tutor le había dejado como tarea, le estaba dando muchos problemas. La hoja estaba con manchas por las tantas veces que los números habían sido borrados y él ya no tenía paciencia para seguir estudiando. No tenía cabeza para eso. Su preocupación estaba centrada en los resultados de los análisis que le habían tomado la semana anterior y en las cada vez, menos frecuentes visitas de Dante. Su mano derecha fue hacia su cuello, donde descansaba el tourbillón de oro con que el joven capo lo había marcado como su propiedad. Con el dedo índice, recorrió la placa del mismo material con las  iniciales de Dante y el sello de los Mancinni  para  luego volver su atención al cuaderno. Se sentía inseguro. Temeroso de que el joven mafioso se hubiera arrepentido de la decisión de convertirlo en su amante ya que en las últimas visitas ni siquiera lo había tocado, y eso le dolía. ¿Habría encontrado otro cuerpo para satisfacerse?.
            Miró el reloj mural y concluyó que ya era tarde, a esas alturas, era imposible que Dante apareciera. Sabía de antemano que su padre lo obligaba a cenar con él todas las noches. Frustrado por no poder concentrarse en sus ejercicios, guardó todos los cuadernos y lápices dentro del escritorio y se fue a su alcoba decidido a tomar una ducha antes de cenar,  y luego compartir lo que quedaba del día con su madre. Una vez bajo el agua, procedió a lavar su cabellera con el fino shampoo que Dante le había obsequiado y terminó enjabonando su cuerpo. Al llegar a sus lampiños genitales, recordó el instante en que Boris le había llevado a un recinto donde le habían practicado la depilación con láser. Desde aquel momento, sus bellos corporales nunca más volvieron a crecer. Un detalle que a Dante le agradó la primera vez que le vio desnudo. Salió de la ducha, se secó con rapidez y luego salió del cuarto de baño adentrándose en el dormitorio sin preocuparse de vestirse.
            Su sorpresa fue grande cuando vio al joven mafioso sentado en la cama y en la mano sostenía una carpeta transparente que tenía el membrete del laboratorio en el que habían tomado sus muestras. El nerviosismo se apoderó de su cuerpo y la seriedad con la que Dante miraba su desnudez, le hicieron pensar en un futuro poco prometedor.

            —Ciao, Dante  —saludó con algo de miedo—  ¿Cómo estuvo tu día?.

                                               *******************


            Tener a Kozlov de nuevo frente a él, había hecho que su comienzo de día fuera amargo. Luego, la noticia de que la hija de su padrastro estaba siendo amenazada por un traficante de pacotilla le tuvo ocupado organizando el seguimiento de la gentuza que el mexicano había logrado ingresar a Italia. Después, la llegada de los resultados de los exámenes de Camilo, y su posterior lectura, lo dejó con una erección descomunal que no había podido lograr menguar ni siquiera con las duchas de agua fría que había tomado durante el día. Para culminar, la invitación a cenar en casa de los Rossetti, le había tomado desprevenido. Por eso, y sin medir las consecuencias, había pedido autorización a Massimo de llevar a su amante, con la petición de que no dijera a su padre de sus intenciones.
            Necesitaba que su familia le viera, aunque fuera una sola vez antes de que el dichoso heredero por fin le diera la libertad de presumir al muchacho. Sonrió pensando en que una de las trabas ya había sido superada.  Ahora no había nada que le impidiera disfrutar del cuerpo del joven que le robaba el sueño. Camilo estaba completamente sano, salvo algunos detalles como una leve anemia y algo de desnutrición, pero que sería fácilmente recuperable con una buena alimentación. Por fin  Camilo sería suyo.
            Ahora, le tenía parado frente a él, en toda su gloriosa desnudez. ¿Cómo podía ser un hombre tan hermoso? Los verdes ojos de su amante se clavaron en los suyos con cautela, como si fuera un ciervo tratando de no despertar el instinto de caza de su depredador. Estaba asustado, el pestañeo nervioso de sus ojos después de enfocar la carpeta con los resultados, se lo dijo.  Después del breve saludo de su amante, se levantó del lecho y se acercó a él. Camilo tembló de anticipación y se derritió cuando se vio apresado entre sus brazos. Le besó. Esta vez, de forma diferente. Esta vez, el deseo ganó ventaja y no pudo resistirse a devorarlo. La desnudez del muchacho se le hizo mortalmente tentadora, dejó caer la carpeta al suelo alfombrado, y después de esas semanas juntos, comenzó a acariciar por primera vez el cuerpo del chico. Camilo gemía y su respiración se agitaba cada vez que sus manos rozaban sus pequeños y rosados pezones. Su cuerpo se arqueó hacia atrás y él lo sostuvo de la espalda mientras su boca regaba besos húmedos y hambrientos sobre el torso. La incomodidad de la posición se hizo evidente y sin pensarlo dos veces, alzó al joven en sus brazos, dio un par de pasos y lo depositó sobre la cama mientras su boca volvía a tomar lo que por derecho le correspondía. Su libido se encendió al máximo. Atrás habían quedado los momentos de sexo obligado e insatisfactorio que compartió con Allegra Mori. Ahora, solo quedaba el placer.
            De improviso, volteó el cuerpo de Camilo y las nalgas de inmaculado blanco y perfectamente redondeadas llamaron su atención. Sus manos comenzaron a picar de ansiedad y se vio depositando la primera nalgada dejando una marca perfecta de su mano. Su joven amante gimió. No supo si de dolor o placer y quiso corroborarlo. Llevó su mano a la parte delantera y tomó en su mano el aterciopelado pene ya erecto. Era la primera vez que tocaba de esa manera a otro hombre y le gustó. Sin soltar el miembro del joven, levantó la otra mano y dejó caer otra nalgada. Camilo gimió aún más fuerte y después soltó un leve ronroneo. Sonrió mientras que su mente se regocijaba al haber encontrado la sumisión perfecta. Después de varios minutos en los que su mano cayó repetidas veces en los perfectos globos traseros de su amante, su cuerpo no aguantó más. Abrió el cajón del  velador, sacó el tubo de lubricante y lo dejó a un costado de Camilo.

            —Prepárate para mí, amore... ya no quiero esperar para hacerte mío.

            Camilo salió de su nube de placer al escuchar la orden. Le habían nalgueado otras veces, pero era la primera vez que sentía que volaba. Cada palmada había enviado tanto placer a sus terminaciones nerviosas, que casi rogó a Dante que siguiera hasta hacerle culminar. Pero su amante tenía otros planes para él y ello le indicó que los resultados que con tanto temor esperaba, habían dado negativos. Con regocijo, tomó el tubo de lubricante, lo abrió, esparció la sustancia entre sus dedos y los llevó hasta su entrada. De reojo, observó como Dante se desnudaba mientras observaba con ojos ávidos, como sus dedos desaparecían en el interior de su cuerpo. El joven capo se despojó de sus ropas con rapidez y se posicionó detrás. Con un movimiento sutil alejó los dedos y posicionó el glande en la lubricada entrada que latía con ansiedad.

            —Eres mío, Camilo.

            Fue penetrando poco a poco dentro de la estrecha cavidad, cuidando de no hacerle daño. No era la primera vez que tenía sexo anal y sabía cómo hacerlo. En un pestañeo se encontraba enterrado y la sensación de estar haciendo lo correcto le abrumó. Camilo movió las caderas indicándole que estaba listo para algo más intenso y el comenzó a entrar y salir con movimientos firmes acariciando la espalda del joven de vez en cuando. El chico gemía y no pudo evitar sospechar que estuviera fingiendo,  su imaginación voló a los muchos hombres que habían disfrutado de Camilo, y su lado dominante triunfó. Salió del cuerpo de su amante y se posicionó de espaldas en la cama.

            —Vas a montarme y me mirarás a los ojos hasta que te corras.

            El joven puso sus piernas a cada lado del cuerpo del mafioso y fue descendiendo sobre la vara inhiesta. Se sentía lleno, por fin sabía lo que era el placer en el sexo y comenzó a utilizar todo lo que había aprendido. Subió y bajó mientras apretaba sus músculos anales. Su próstata estaba siendo estimulada a punto de volverlo loco y no podía evitar emitir profundos gemidos. Sentía que el final estaba cerca y alcanzó su pene para masturbarse pero la mano de Dante se lo impidió.

            —Te correrás sin tocarte.

            La voz de Dante le indicó que él también estaba a punto de llegar. Fue tomado bruscamente de las caderas mientras que el miembro del joven mafioso escarbaba  más profundo dentro de él. La mirada salvaje  se clavó en sus ojos y el orgasmo estalló dentro de él como un volcán en erupción. Su semen bañó el torso de Dante mientras se agitaba buscando que esa sensación de placer no se detuviera. Mancinni culminó en su interior, llenándolo con su semilla entre rugidos roncos y fuertes que estaba seguro, alertaría a todos los habitantes de lo que estaba pasando en la habitación.

            Dante lo atrajo hacia sus brazos sin salir de su interior, el cuerpo tibio y aún tembloroso por el reciente orgasmo se acomodó sobre el suyo y el aliento rosó su cuello haciendo que se estremeciera y que su miembro viril se sacudiera dentro de su prisión.
            Camilo suspiró y trató de decir algo, pero el temor le hizo retroceder. Mancinni lo percibió, pero no era su asunto el saber que estaba pasando por la cabeza de su amante. No estaba de ánimo para escuchar en la boca de Camilo las mismas frases zalameras que sus antiguas compañeras de cama solían decir después del coito. Los “Te amo” no significaban nada para él. El sexo era sexo y el amor... era sólo para su familia.

            —Ve a ducharte, Camilo  —ordenó mientras su ya flácido pene salía del interior de su amante—  Hoy cenaremos donde unos amigos.

            —Pero, mi madre...

            —¿Estás cuestionándome?  —la fría mirada del joven capo se posó sobre el rostro avergonzado de Camilo—  Dúchate y ponte uno de los trajes grises que hice traer para ti. Y hazlo rápido o llegaremos tarde.

            Camilo, saltó de la cama e ingresó al baño donde se duchó en tiempo record. Salió del baño y Dante ya estaba vistiéndose. Su cabello estaba mojado y supuso que se había duchado en uno de los baños de invitados.
            Una vez ya vestido, se perfumó y fue sorprendido cuando Dante se le acercó y tomó su mano. Se estremeció, y Dante le besó castamente a la vez que deslizaba una sortija de oro en su anular derecho, similar a la que usaba él. Le miró interrogante, no sabiendo lo que aquello significaba.

            —Esto les hará saber que no eres solo un capricho, y por lo tanto no debes ser incordiado  —explicó Dante, pensando en el posible acoso de su padre en contra de su amante—  Recuerda, que no debes abrir la boca a no ser de que sea necesario, ¿capisce?

            Camilo asintió con la cabeza y luego siguió a Dante  fuera del dormitorio. En la sala se les unieron los guardaespaldas y juntos salieron del departamento. Camilo se sentía nervioso. Era la primera vez que estaría en una cena de la alta sociedad y temía meter la pata. Sus conocimientos de etiqueta se resumían a lo que su madre le había enseñado y que había puesto en práctica       la vez que Dante lo había invitado a cenar. Sus pensamientos se difuminaron en su mente en el momento que ingresó Mercedes Benz blindado que los trasladaría a su destino.


                                               ****************


            Era el quinto traje que se probaba y Gio aún no se convencía de qué vestir. Más que mal, esa noche conocería a su cuñada y quería dar una buena impresión. Fuera de su habitación, los pasos de su guapo guardaespaldas caminando de un lado a otro resonaban en el suelo de mármol y él sonrió. Últimamente disfrutaba de jugar con la paciencia de Bruno. Su mente voló a esa misma mañana, durante la práctica de Jiujitsu en el momento que, accidentalmente, la hombría de su custodio había rosado su trasero y se  había mantenido en ese lugar por varios segundos en los que sintió que Bruno se estremecía mientras lo apretaba y olía su cuello. Sabía que después de aquello, el hombre había terminado masturbándose como poseso. Lo sabía porque lo había seguido usando la puerta que conectaba su dormitorio con el de él para espiarlo, Su boca se había hecho agua cuando la enorme erección de Bruno había escupido su semilla sobre la alfombra.
            ¿Hasta cuándo podría mantener la farsa? Amaba a Ángelo por sobre todo, pero Bruno le robaba la calma. ¿Se podía amar a dos hombres a la vez? Su curiosidad, había ido más allá y había leído en internet sobre relaciones de tres personas. Tres hombres viviendo juntos como si fueran uno  y el sexo... Sí, eso no había escapado de su control y llegó a la conclusión que su fantasía más extrema sería estar con Ángelo y Bruno a la vez, siendo acariciado por ambos, hasta ser penetrado por ellos.
            Ángelo jamás lo permitiría, y él no quería ser infiel. Aunque muriera de ganas por estar con Bruno.

            Se decidió por un  traje gris marengo con una camisa rosada de seda y corbata  a juego con el traje. Se calzó unos zapatos Prada que esa misma mañana había le había comprado Laura por órdenes de su padre y se perfumó. La joyería la dejó para el final. Gemelos y pisacorbatas con diamantes incrustados que su padre había hecho traer de una joyería cuyo nombre no recordaba, su sortija de compromiso, y el reloj de oro que Massimo, su suegro, le había enviado la semana anterior.
            Después de un último vistazo al espejo, salió del dormitorio donde un sorprendido Bruno no pudo evitar abrir la boca.

   Per Dio, eres lo más hermoso que han visto mis ojos   —habló Bruno

            Gio sonrió con suficiencia y caminó delante del custodio sintiendo la mirada de este en su espalda.


                                               **************


            Imogen posó la mirada sobre el hermano de su amiga apenas ingresó al salón donde estaba reunida la familia. Caminó con gracia, como si estuviera en una pasarela de New York, tratando de que el llamativo vestido rojo que había elegido para cenar cumpliera su objetivo. Pero Ángelo apenas reparó en ella. Su atención estaba siendo acaparada por el que suponía, era su padre y un amigo de la familia. No se dio por vencida y se acercó a él para saludarlo.

            —Ángelo...

            El aludido volteó a mirarla y le sonrió casi por obligación procediendo después a presentar a sus acompañantes.

            —Él es mi padre, Massimo Rossetti y mi suegro, Pietro Mancinni.

            Ella sonrió y saludó a ambos hombres con su coquetería habitual, pero la mirada verde del “supuesto” suegro de Ángelo la hizo congelarse por dentro. Algo de ese hombre emanaba una hostilidad indescriptible hacia ella, como si la hubiera catalogado como una posible adversaria para la unión de su “hija” con el heredero Rossetti. Decidió no darse por enterada, ese hombre no impediría que ella cumpliera con su objetivo de tener a Ángelo.

            Pietro observaba como la rubia modelo trataba de llamar la atención de su yerno. Sabía reconocer a una cazafortunas a una milla de distancia y esa mujer era demasiado ambiciosa para su gusto. Sus inescrupulosas manos se posaban a cada momento sobre el antebrazo de Ángelo y éste trataba de esquivar sus atenciones. Estuvo a punto de ordenar a un par de sus hombres que se la llevaran y la enterraran en un lugar perdido de la mano de Dios, pero Massimo percibió su tensión y acarició su brazo para que se relajara. La entrada de Dante acompañado de un par de sus hombres y el hijo de su primo Salvatore le distrajeron de su objetivo.

            El Capi di tutti capi se separó de su amante y se acercó a su hijo para saludarlo y ver de más cerca al joven que en un futuro tendría a su cargo la dirección de la mafia calabresa. Sus ojos se posaron de inmediato sobre el esbelto cuello adornado por el escudo de su familia y dirigió una mirada interrogante a su vástago. ¿Por qué la necesidad de marcar al joven como su propiedad? ¿Acaso eran ciertos los rumores que decían de las tendencias dominantes de Dante? Trató de desterrar los pensamientos que le llevaban a imaginar a su hijo vestido de cuero, con un látigo en las manos azotando a todas esas chicas que en el pasado habían dejado correr el rumor.

            La voz de Ángelo saludando y dando la bienvenida a los recién llegados lo sacó de su trance. La rubia le había seguido, supuso que para conocer a más hombres y ampliar su terreno de caza.

            —Imogen, él es Dante Mancinni, mi cuñado...  —la joven lo saludó utilizando un tono sensual. Pensando que si le iba mal con Ángelo, este hombre podría ser un buen reemplazo—  Y su acompañante es...  —Ángelo se quedó en blanco, aunque algo en el chico se le hacía familiar.
            —El es un primo de Calabria...  —Pietro intervino

            —Y mi novio  —agregó Dante mirando a la rubia que le coqueteaba, para hacerle saber que perdía el tiempo.

            Camilo se ruborizó y bajó la mirada para disimular su alegría. Era su novio, no un simple amante que permanecía encerrado oculto del mundo. Dante lo había presentado como su novio a su padre y su cuñado y él no podía estar más feliz.

            La modelo se guardó su opinión, pero pensar en un semental como ese retozando entre las sábanas con otro hombre le hizo sentir enferma “Un desperdicio” pensó mirando como Dante abrazaba al chico que no representaba más de dieciocho años y le besaba el cuello.

            —¿Qué edad tienes?  —preguntó la modelo en inglés mirando a un sorprendido Camilo que no le entendía.

            Dante la miró con aversión y sonrió como acostumbraba, con un toque de crueldad.

            —Camilo no habla inglés, signorina, por eso responderé yo por él... tiene dieciséis años y antes de que me acuses de estar con un menor, te diré que sus padres han dado su consentimiento.

            |—¡Vaya! ¿y tu padre aprueba eso de que seas gay?  —preguntó la joven con algo de malicia.

            —Mi padre aprueba todo lo que hacemos mi hermano y yo.   —informó— ¿Cierto, Ángelo?... Explícale a tu invitada el motivo de esta cena...  —miró a la mujer con frialdad— Ángelo se casa en pocas semanas con mi hermano menor, Giovanni. Ah!!, A propósito, el viene llegando justo ahora junto a su guardaespaldas...

            Gio ingresó al salón donde todo el mundo tomaba el aperitivo y sus ojos buscaron a Ángelo inmediatamente. Su estómago se apretó de rabia al verlo acompañado de una joven que no dejaba de tomar su antebrazo aunque estuviera envuelta en una conversación con su hermano. Dante por lo visto, no disimulaba su aversión a la mujer. Por sus gestos, le estaba hablando de forma dura mientras que abrazaba a un joven que supuso era el amante misterioso que su hermano escondía.
            Caminó hacia ellos, dispuesto a reclamar su derecho como novio, pero Bruno le tomó del codo para detenerlo.

            —Muéstrate encantador, eres un Mancinni y ninguna zorra inescrupulosa está por encima de ti. Demuéstrale que vales más que ella y que no te amedrente su belleza femenina, porque eres aún más hermoso. Además, provienes de la familia más poderosa de este país y si tú quisieras, la pondrías de patitas en la calle en este mismo momento. Nadie es competencia para ti.

            Imogen observó al hermoso joven caminar con delicadeza y extremada elegancia hacia ellos.  Las ropas que vestían estaban hechas a medida, lo que ella envidió ya que Ángelo se alejó de ella para atrapar al chico en un efusivo abrazo y le besó con ansiedad. Algo dentro de ella se rebeló. Era una mujer y un niñato como aquel, por muy hermoso que fuera, no ganaría frente a sus voluptuosas curvas. Ángelo necesitaba a una mujer de verdad y ella pretendía ser esa mujer.
            Los ojos celestes azulados del muchacho se clavaron en ella después del beso y una sonrisa casi igual a la de su hermano se instaló en su rostro mientras era guiado hacia ella para ser presentado.
            Giannina se acercó a ellos sorprendida por el arrebato de pasión de Ángelo, sin poder creer que sus tendencias sexuales hubieran cambiado. Estaba segura que esa unión se debía a una estrategia de negocios de su padre y ella iba a impedirla a toda costa.

            —Giannina, Imogen. El es Gio, mi prometido  —habló Ángelo apenas estuvieron cerca.

            —¿Gio?  —la desaprobación de la joven Rossetti fue evidente por su tono de voz jocoso— es un diminutivo supongo.

            Gio se ruborizó de rabia al percibir la hostilidad de su cuñada y fue su hermano Dante, el que explicó.

            —Es Gio de Giovanni  —el joven Capo habló con dureza—  Giovanni Mancinni Visconti, mi hermano menor y prometido de tu hermano, Giannina. Si fuera tú, cambiaría el tono con el que le hablas.

            —Aunque no creas, hermana, esta no es una unión de negocios. Me enamoré de Gio mucho antes de saber que era un Mancinni. Y nos casaremos en pocas semanas. —agregó Angelo sin darle oportunidad a la joven modelo de contestar a su cuñado— Además, no requiero de tu aprobación para casarme con el hombre que amo... Si nos disculpas... —tomando del brazo a su prometido, lo apartó del reducido grupo y se lo llevó a donde Enrico los miraba con curiosidad.

            El esposo de Giacomo Rossetti observaba todo lo que acontecía en el salón con ojo crítico. La muchacha que acompañaba a Gianina tenía un no sé qué que le hacía desconfiar de ella. Su interés poco disimulado en Angelo le hacía presentir que habría problemas ¿habría que advertirle a la chica que su vida peligraba si trataba de pasar por sobre Gio?. De pronto, notó la mirada despectiva de Imogen sobre el novio de su sobrino y se dijo... “todo lo que le pase, se lo tiene bien merecido por andar pescando en lagos ajenos”. Observó el acercamiento de Gio junto a Angelo e hizo un gesto a unos de los empleados para que acercaran otro sofá.

            —Buona notte, Enrico  —saludó Gio acercándose y besando ambas mejillas del hombre— te ves bien   —agregó sonriendo

            —Tú también, cuore mio  —respondió— aunque me hubiera gustado verte en mejores circunstancias

   Yo también lo pienso, Enrico...   —el ánimo de Gio decayó y casi en susurros confesó lo decepcionado que se sentía ante la actitud de su cuñada—  ¿Quien esa chica que acompaña a Gianinna?  —al nombrarla, no pudo disimular y posó su mirada en ella. Una mirada fría, amenazante que hizo que al propio Enrico se le erizara la piel.

   Es una modelo, amiga de Gianinna y estará con nosotros una semana... aunque si fuera por mi, la pondría de patitas en la calle ahora mismo.  —informó el joven Peruggi—  me da la impresión que anda a la caza de marido rico y piensa que todos nuestros hombres están disponibles.  —el hombre entrecerró los ojos cuando Giacomo ingresó al salón y los ojos de la arpía de posaron en él—  Si me disculpan... creo que tendré que rescatar a mi esposo de las garras de esa yanqui.

            Ambos jóvenes rieron por la actitud celosa de Enrico. Gio fue el primero en ponerse serio y  tomando a su prometido de las solapas de su chaqueta lo atrajo hacia si...

            —Si llego a saber que esa regalada y tú han tenido aunque sea un roce, ten por seguro que te arrepentirás, Angelo y esa tipa tendrá sus horas contadas, porque pediré su cabeza y ya sabes que mi padre me complace en todo.
            —Sabes que te amo, Gio... jamás te sería infiel.

            —Eso espero, amore... eso espero.

            Una vez que el mayordomo anunció que podían pasar a cenar, cada uno de los asistentes ocupó el lugar que le habían designado en la mesa. Para tranquilidad de Gio, la mujer amiga de su cuñada, estaba sentada entre su hermano Dante y Enrico y por lo que notó, ella no estaba muy contenta con su suerte.

            —Pronto comenzará el año académico  —Massimo quebró el silencio en el cual estaban todos debido al ambiente tenso que se respiraba— Supongo, Gio, que sigues con la idea de estudiar marketing y publicidad.

            —La verdad es que sí, suegro... la carrera está totalmente paga así que no quiero desaprovechar la oportunidad.  Solo son cuatro semestres y luego quiero trabajar con mi padre, hay una cadena de restaurantes y casinos en las que puedo ser de utilidad.

            —Eso siempre y cuando puedas compaginar el matrimonio con el trabajo... por lo que tengo entendido, mi hermano es exigente en ese aspecto  —dijo Giannina de forma jocosa—  Siempre  dijo que su esposa debía ser elegante, de buena familia...

            —¡Basta Gianinna!  —la voz de Massimo se dejó escuchar—  No dejaré que rebajes a nuestra familia con tus prejuicios—  Disculpa Pietro... ella recién viene llegando y aún no se entera.

            —Creo que es buen momento para aclarar las cosas, amore   —interrumpió Pietro—  Esta cena es para tratar los últimos detalles de la boda entre Angelo y mi hijo Giovanni. La ceremonia se celebrará en do semanas en Marbella, donde ambas familias tenemos residencias. Será una ceremonia sencilla y discreta. No quiero a la prensa rosa metiendo sus narices donde no le importa. Dos días después, haremos la recepción en el Castello Odescalchi, según lo ha organizado Enrico junto a Gio. Ahora, esto va para ti, Angelo... Después de casados Gio y tú vivirán bajo mi techo, y no irás a ningún lado sin custodios.

            —Pero...  —trató de quejarse el joven Rossetti

            —Pero nada, Angelo. A pesar de que Gio vaya a ser tu esposo, no tomará tu apellido. Su destino está ligado a mi familia y tú debes comprender eso. Todos los Mancinni viven bajo el mismo techo... Así ha sido desde siempre y lo seguirá siendo.

            Hubo un momento de silencio en el que ni siquiera la visitante se atrevió a abrir la boca. Pero Enrico, conocido por no acatar reglas, trató de cambiar el tema.

            —Tu regalo de graduación llegó la semana pasada...  —habló mirando a Gio—  Es increíble lo que se demoran en llegar los automóviles de importación. Mejor hubiéramos comprado un Lamborghini o un Ferrari. Supongo que ya tomaste el curso de conducir que te regalamos... no puedes dejar de usarlo, es una pieza única.

            Gio miró a su padre en busca de una respuesta positiva. Había recibido lecciones de manejo defensivo y ya tenía su licencia de conducir. Massimo no pudo resistirse a esa mirada de cachorro abandonado de su hijo menor y mirando a Bruno que estaba a un costado del comedor, claudicó

            —Está bien, figlio mio... mandaré a blindar el vehículo y podrás trasladarte en el siempre y cuando tu custodios estén contigo.

            Gio, dejando la etiqueta de lado, se levantó de la mesa sorprendiendo a todo y corrió hacia su padre abrazándose a su cuello y repartiendo numerosos besos en su rostro

            —¡Gracie babbo! Sonno il figlio piu felice dal mondo

            La escena enterneció a casi todos los presentes, pero Imogen sentía que algo carcomía sus entrañas. Envidia, eso era lo que sentía, envidia por aquel mocoso que lo tenía todo y sin esfuerzo. Quitarle algo de lo que tenía sería algo bueno... especialmente si ese algo fuera Angelo. Si, ya vería como acorralar a ese semental y luego se lo restregaría en la cara a ese mocoso.

                                               ************************

            Jorge Suarez, el encargado del grupo de vigilancia que Emilio Sandoval había enviado a Roma, sudaba a mares. No sabía si su jefe lo había enviado a una misión suicida por castigo o realmente no sabía que se estaban enfrentando a la mafia siciliana. Si fuera por él, desistiría en ese mismo momento y volvería a Culiacán, pero su lealtad estaba basada en el miedo. Sabía que si desertaba, su familia pagaría las consecuencias. Tomó el teléfono y marcó el número privado del jefe del Cartel. Sabía que el hombre obligaría a Emilio a olvidar todo aquello y fijar su mirada en otro objetivo igual o más suculento.




           


           


           

           

           



5 comentarios:

  1. Maravilloso y la trama se complica!!!!!

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  2. muy interesante el capitulo por fa siguela

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  3. Esto ha sido una hermosa sorpresa. Me has alegrado el día Fadua. Cuando comencé a leer esta historia me encantó desde el primer momento sobre todo la historia de Camilo =).
    Me daba mucha pena que se quedara inconclusa pero cuando he vuelto a mirar la página y he visto que volvías después de tanto tiempo me he puesto a saltar de alegría jajaja. Entiendo lo motivos por los que has tenido que dejar todo esto durante un tiempo y espero que ahora todo te vaya mucho mejor.
    Cuídate y besoos

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  4. Muchas gracias por seguir con esta historia tan buena estaba deseando seguir leyendola.Espero que tu pena pase pronto aunque se que es dificil.Besossss

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  5. A marzo de 2017 aun tengo las esperanzas de que continúes, pero no me rendiré seguiré entrando cada 6 meses a ver si hay novedad....

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